sábado, 12 de abril de 2014

EL PIANISTA

El músico local ameniza con flautas y quenas, sobre una pista de fondo, la digestión de los comensales.

De repente de una de las mesas se para un tipo que va al escenario, sisea un par de palabras al músico y hace un gesto de permiso dirigido al piano, huérfano, hasta entonces, de intérprete.

El de las quenas corresponde con un gesto que dice que sí, que claro y entonces el tipo empieza a ejecutar una pieza de Rachmaninov que el otro secunda, obediente, con la precisión de una sombra.

A camino del segundo compás la coctelera del barman detiene abruptamente su cumbia de hielos y acero; los tenedores y los cuchillos de los comensales dejan de tintinear contra  los platos, y el parloteo multilingüe se muere en las mesas reconociendo su derrota.

Al final de la pieza el aplauso se les hace cosa de poca monta, y pasa un buen rato hasta que alguno se decide, un poco hereje, a carraspear y atacar de nuevo los platos y la comida con los cubiertos.

En cuanto al tipo, sentado de nuevo en su mesa, mastica, más que los tallarines fríos de su plato, la sorpresa de haberse visto tocando, por primera vez en su vida, el piano. 

Psicología para antioqueños

Donde dice egosintónico, léase: le importa un culo.
¿Con que esas tenemos, ¿no? -Dijo Dios. Y entonces, de pura pica, dejó de existir.

hmmm

Sonó el timbre. No le gustaban los timbres: ni el del teléfono, ni el de la puerta, ni el de la escuela, nunca le habían gustado los timbres y sabía que nadie tenía porqué timbrar. Nadie lo conocía suficientemente en el pueblo como para tocar su timbre, pero de todos modos, por reflejo, ‒no negaba que por curiosidad‒ se asomó con el sigilo suficiente para que no se dieran cuenta de que se había asomado. Dos mujeres de falda larga y sandalias, suficientes datos para saber que se trataba de cristianas. Volvió a su lugar de trabajo. El timbre volvió a llamar. Cristo no se da por vencido. Dudó entre recibir a las visitas o hacerse el pendejo. Total podía pensarse que no había nadie en la casa. Sin embargo, dado a la tarea de enfrentar la vida fuera de su casa, así fuera en la puerta, se asomó.
 
‒¡Hola!, ‒dijo una de las mujeres‒, para su sorpresa una mujer con una sonrisa angelical, o cristiana, y además hermosa; una negra–mulata–zamba, de piel brillante, portentosa, suficientemente grande. Una mujer hermosa ¿por qué es tan difícil describir una mujer hermosa?

‒Para darte un mensaje… ‒dijo la mulata.
‒Sí claro… ‒entendía que se trataba de un mensaje escrito que se podía dejar por debajo de la puerta. La mujer hizo saber que el mensaje era verbal, pero su sonrisa era incapaz de hacer violencia
Pudo desquitarse diciendo que estaba ocupado, que…
‒Está bien ‒se despidió la mulata con esa sonrisa…

No le pareció bien mirarle el culo a una mensajera de Cristo, pero estaba decidido a que la próxima vez no se conformaría con el mensaje escrito en un plegable de tanto por tanto. La próxima vez escucharía sobre Cristo y sobre el cielo y sobre los proverbios y sobre todo lo que la negra quisiera decirle con tal de poderla contemplar, con tal de poder abrevar de esa sonrisa de dientes imposiblemente blancos.

CONVERSACIONES CON MARCO

¿Si pudieras crear un Dios, cómo lo harías?, me pregunta Marco, un niño de 8 años que coincidencialmente es mi hijo.

Pienso un poco. Nunca se me había ocurrido la idea de crear un Dios. He creído vagamente, sin mucha reflexión que es al revés y ya la cultura –cualquiera que sea- me ha dicho como es Dios.

Un poco inseguro le respondo que el dios que crearía sería bueno, amoroso, que tendría paz, que daría paz. También se me ocurre que sería un Dios que haga reír. Sobre todo eso.

-¿Qué nombre le pondrías?, me pregunta Marco.
Pienso un poco. Digo lo primero que acude a mi mente: Chamalú.
-Hmmm… ¿quieres saber cómo sería el mío?
-Por supuesto, le respondo.
El mío sería, dice Marco, un aro dorado y…
El sigue hablando, dice algo del poder, de poder hacer la paz con un chasquido de dedos.
-¿Qué todo lo puede? Pregunto.
-Sí, pero solo cosas buenas.
Me doy cuenta de algo: a veces, mientras Marco habla, mi mente se dirige hacia otras cosas: recuerdos aderezados con fantasías puestas en un futuro hipotético. Me voy, me pierdo. Dejo de estar con él, de escucharlo. Se lo digo; que me distraigo muy fácil. Me cuesta trabajo imaginar lo que me dice. Marco tiene una gran capacidad imaginativa. Siempre está dibujando, creando. A veces quiere explicarme sobre sus juegos de video y computador, pero a la primera frase yo ya tengo varias preguntas que no estoy seguro si él tiene la paciencia de responder. Me nombra personajes como si yo ya los conociera. Yo pregunto ¿Quién es ese, o qué es?, ¿Qué hace, es bueno o malo?. El supone que estos personajes me son familiares, y no. Somos de distintas familias. Mi mente no es capaz de recrear las imágenes que Marco me propone.
Me detengo, le vuelvo a preguntar ¿Es un aro dorado? (¿o de oro?) eso lo entiendo. Puedo imaginar un aro dorado; una ula – ula dorada. Listo. Lo siguiente que entiendo es que del arco dorado sale él mismo, Marco, pero su cuerpo es dorado y tiene alas de plata. Me parece una imagen soberbia, con un profundo sentido simbólico, arquetípico: la plata, el oro, los seres alados. Le entiendo que del aro sale otro igual a él ¿o es él mismo? Como un doble.
Después de que me dice que Dios solo hace cosas buenas quiero indagar por su posición, por su creencia con respecto a Dios.
-¿Y tú crees que ya existe un Dios?
-… No sé.
-O sea, insisto, ¿que ya hay un Dios?
-… No entiendo. ¿Uno distinto al que yo creé?
-Sí… O sea… (siento que no nos estamos comprendiendo, que no logro transmitirle mi pregunta). ¿Crees que Dios existe?
-¿Cómo así, otro?, ¿El que yo digo u otro?, o sea, ¿el que conocemos, u otro?
-Sí, el que conocemos, digo retomando sus palabras. Mejor dicho, le digo, el común y corriente, y en eso estallo en risas ¡El común y corriente! Me río y repito. Marco también se ríe.
-¿De qué te ríes? Me pregunta. Yo vuelvo y digo ¡El dios común y corriente! Jajajajaja
-No entiendo de qué te ríes, repite Marco, y yo no soy capaz de explicarle por qué me da risa. Yo no lo entiendo muy bien. Creo que mi risa surge del contraste entre la omnipotencia de Dios y su carácter de “común y corriente” en oposición a los otros dioses de reciente creación como los de Marco o los menos creativos míos, más cercanos al común y corriente, al genérico, digamos.
Pensar que nuestro Dios es común y corriente causa risa y es verdad: es un Dios común y corriente. Eso no lo hace menos dios ni menos poderoso. Después le pregunto:
-¿Tú crees que Dios existe? (me refiero al común y corriente) y me contesta sin dudas: Sí.
-Porque -le advierto-, hay personas que no creen que Dios exista y otras que sí.
-Si -responde sin dudas. (Parece que puede admitir que otros puedan creer que dios no existe).
Me parece importante y valioso, más que inculcar la existencia de Dios a los niños, sondearlos en términos del significado que para ellos tiene Dios y la experiencia que puedan tener del mismo. Si Dios está ahí, tal vez no se trata de forzar a que el otro crea que exista. Si realmente creemos que existe entonces no hay que convencer a nadie, sino hablar sobre él y compartir la experiencia y sus significados.
De todas maneras, arco dorado del cual sale Marco hecho oro, plata y alas, o especie de payaso cósmico que  hace reír, o ser común y corriente, o hasta ese que no existe… que de todas maneras nos ayude.


Apenas palpita mi corazón de brea. Pero no desespero. Me doy cuenta de que un ciclo me vive, y espero, como la camisa ahogada en la Whirlpool, que el tambor convulsione, que un diluvio de jabón se cierna o que caiga un rayo del alambre.


La cafeína se demora en explotar. 

viernes, 24 de enero de 2014

Cosechando guitarras...

jueves, 23 de enero de 2014

EL VECINO NUEVO

Al barrio llega un nuevo vecino. Es silencioso. Nunca se le oye música ni conversaciones, ni cacharros chocando en la cocina ni vaciar el retrete, nada. No hace ningún ruido. Los vecinos empiezan a preocuparse; no porque crean que está muerto o algo por el estilo. Ven que sale por las mañanas y entra por las tardes. Cuando se lo encuentran él hace una pequeña genuflexión, dobla un poco la cabeza hacia abajo. Parece amable.

Después empieza a causar fastidio entre sus vecinos. Es el único del barrio que no pone el equipo de sonido a todo volumen. No discute airadamente con su esposa y/o hijos, nada.

Cuando los vecinos hacen sus fiestas con vallenatos a todo volumen a altas horas de la noche, encuentran que el vecino no hace ningún ruido, ni siquiera va a quejarse aunque a veces le suben un poco más el volumen para provocarlo, para generar en él algún sonido. Preocupados, llaman a la policía. Les perturba el silencio del vecino. A la policía le parece sospechoso. Llegan en su patrulla que ulula a todo decibel. Tocan a la puerta del vecino. Este abre la puerta. El policía con la libreta en la mano le espeta el protocolo. El tipo escucha y asiente. A la pregunta sobre si es mudo responde negando con la cabeza. El policía le advierte ‒levantando el dedo índice‒ que en lo sucesivo haga más bulla, usted sabe, el bien común por encima del bien individual…

El vecino no hace caso de la advertencia y se enterquece en su silencio. Pero las cosas empeoran. Ahora su silencio empieza a ser contagioso. La señora que se queda en la casa todo el día de pronto le baja un poco el volumen a Cristal Estéreo. A la semana ha dejado de oírla por completo. El televisor sigue el mismo comportamiento. Solo se admite la vibración de la nevera. El marido de la señora también empieza a ser más silencioso. Al principio habla más bajo, solo lo necesario. Después la casa vecina empieza a hacerse tan sospechosa como la casa del vecino silencioso. Los demás vecinos empiezan a rumorear pero, cosa curiosa, empiezan a rumorear en un tono más bajo del habitual. Siguen rumoreando para no perder la costumbre y se empeñan, cada vez más a su pesar a subir el volumen de radios y televisores. Pero esto solo dura un par de semanas. Radios, televisores y megáfonos se van silenciando paulatinamente. Inclusive, cosa que llama la atención de los medios de comunicación (que ninguno de los vecinos utiliza a no ser por la prensa cuyas páginas pasan con el mayor sigilo posible) los automóviles, camiones y motocicletas que pasan por los dominios del barrio se silencian. Los conductores y pasajeros apagan motores y empujan los vehículos a lo largo de la cuadra que ocupa la manzana.  Los únicos que hacen caso omiso de la peste silenciosa, son los pájaros que en cambio cantan a todo pulmón, parece que compensan el ruido de otros lugares, parece que ya no cantan sino en el par de manzanas.

Después son tres manzanas las que sucumben al silencio. Nadie llama a la policía. Los teléfonos se han convertido en un adorno interesante, en una especie de nostalgia inconsciente.

Pasados dos meses el vecino se va de la casa, la devuelve a la inmobiliaria. Sin que él lo sepa, todos se reúnen y hacen una fiesta de despedida a la que no lo invitan. Hacen un baile. Los pájaros se encargan de la música.

lunes, 30 de diciembre de 2013

ESCENAS DE SUPERMERCADO

El alcalde de la ciudad también va de compras al supermercado local como cualquier ciudadano de a pie: toma un trevejo de la góndola, lo examina, lo valora, mira el precio…
Sin embargo, a diferencia del ciudadano de a pie, no va empujando el carrito de mercado. Alguien que viene detrás de él lo empuja, y no es una señora como suele ser. Es un guardaespaldas.
Va pasando un funcionario del supermercado. Se despide de otros dos funcionarios. Va caminando y me da la espalda. Yo lo veo y le digo en voz alta ‒sin que él me escuche por supuesto‒: “subite esos pantalones por amor a Dios”. Los lleva caídos. Parece, como dice un amigo mío, que ha dejado el culo olvidado en los otros pantalones.
Pasa una negra hermosa y yo hago ese gesto difícil de describir que consiste en estirar los labios, los dientes casi cerrados deteniendo la lengua y aspirando una bocanada de aire (si se hace por mucho tiempo los dientes se secan) Después digo: ¡Eh avemaría qué negra!



Como estoy tomando café me da por orinar. Veo a un tipo ‒iba a decir un negro pero no me parece preciso el concepto‒ que me da la espalda. Está con una viejita ‒creo que es su madre‒. Veo la espalda del tipo y pienso en describir la banda tejida con la que se sujeta el pelo de la cabeza (tengo horror a la palabra “cabello”) pero dudo: No sé si describir la banda o ir al baño a orinar. Mientras dudo y tomo la decisión el tipo se va. Supongo que para el baño.



Pasa una mujer que despierta mi instinto sexual. No puedo describirla bien en este momento, se ha ido mientras escribía lo del moreno con la banda tejida ‒no se pueden hacer dos cosas al mismo tiempo‒. La mujer se acerca a la barra del café. Sin duda pide algo. Cuando atraviesa mi campo visual la miro: lleva una falda larga. Siempre me ha gustado que las mujeres las usen y además lleva una camiseta que deja ver su vientre y sus hombros sin estorbos. Le obsequio una mirada fija y sostenida, una mirada semipenetrante. Una mirada de esas que a uno no le importa que la mujer se dé cuenta que es una mirada de deseo. Parece que ella recibe la mirada, ¡qué bien!, a eso le llamo yo cultura sexual: Saber dar y recibir una mirada de deseo que se queda ahí, que satisface, como decía S. Freud, una pulsión parcial.

Ahora que lo recuerdo la mujer pasa dos veces: una cuando va a comprar el café. Otra cuando se aleja con el botín. Acabo de caer en cuenta también que he olvidado retener la imagen del culo en mi memoria. Quizá fue más prominente, más impactante, el escote tipo “strapless” (tampoco me gusta esa palabra. Me parece que pertenece al argot femenino y hago todo lo posible por huir de mis identificaciones femeninas).

Desde entonces no ha vuelto a pasar otra mujer que excite mis instintos sexuales.

¿Una mirada libidinosa puede ser respetuosa? Yo creo que sí.


Otra escena interesante: Una señora empuja a otra señora “de edad” (como si fuera posible no tener edad) que va en una silla de ruedas. Al mismo tiempo la señora de edad empuja un carrito de mercado ¡pero no cualquier carrito! Se trata de uno de esos carritos que tienen forma de carrito de niños. La escena sería completa, increíble, si en el carrito fuera también metido un niño. A ver si la próxima vez se ponen en ello para satisfacer el apetito de observadores, fotógrafos y  coleccionistas de curiosidades.

jueves, 12 de diciembre de 2013

Fue una falsa alarma, dijeron, después de abandonar el lugar de los hechos, los policías de mentiras.

martes, 10 de diciembre de 2013

No es que me hagas falta. Es que experimento un síndrome de abstinencia de ti.

No de otro modo podía ser. El falsificador, después de siete años de huir de la justicia fue apresado con una orden de captura falsa.

lunes, 2 de diciembre de 2013

Esta mañana, muy cerca de mi casa ‒a veces no podemos creer que la respuesta a nuestras súplicas se encuentre literalmente a la vuelta de la esquina‒ encontré mi respuesta:


 

SOLTERITAS
$500
 

 
 
Escogí la más dulce; nos hemos mirado a los ojos y hemos acordado, sin dilaciones, cambiar lo más pronto posible nuestro estado civil.

sábado, 23 de noviembre de 2013

Por más mal hecho que esté, quedo mejor hecho que si no lo hubiera hecho
Por lo general la mujer más hermosa del mundo no existe; aunque existirán excepciones...

domingo, 29 de septiembre de 2013

El baño siempre me ayuda. Pero olvido que el baño me ayuda para recordar, cuando el baño me ayuda, que lo hace. Gozo inventando la rueda todos los días.

viernes, 20 de septiembre de 2013

...Y a aquel pueblo violento llegó una horda de pacifistas...

sábado, 14 de septiembre de 2013

Que la inspiración te sorprenda jugando

jueves, 5 de septiembre de 2013

Soy una especie de payaso razonante
Es muy humano ser inhumano