EL BLOGGGGG DE SANTIAGO TRUJILLO (También tenemos un blogggg de chistes del autor) http://chistesblogcutorio.blogspot.com/
jueves, 14 de marzo de 2013
miércoles, 6 de marzo de 2013
viernes, 1 de marzo de 2013
domingo, 17 de febrero de 2013
lunes, 4 de febrero de 2013
martes, 1 de enero de 2013
martes, 25 de diciembre de 2012
jueves, 20 de diciembre de 2012
domingo, 16 de diciembre de 2012
LA VENGANZA DEL JARDINERO
sábado, 8 de diciembre de 2012
jueves, 6 de diciembre de 2012
TARDEANDO
A los cuarenta y dos minutos llegó una neurosis recién motilada acompañada de una histeria conversiva en vacaciones y de una sociopatía que había acabado de llegar de Coveñas.
Allí estuvieron, pasaron la tarde, hablaron de sus cuitas y sus descuitas y al final cada una pagó su parte; la esquizofrenia tomó el dinero y les devolvió. Ellas partieron la devuelta y se fueron, las que podían, a dormir a sus casas.
martes, 27 de noviembre de 2012
lunes, 26 de noviembre de 2012
jueves, 22 de noviembre de 2012
miércoles, 21 de noviembre de 2012
lunes, 19 de noviembre de 2012
NUEVO LIBRO, LANZAMIENTO
Ami, el niño de las estrellas y
Ami regresa,
No se pierda el lanzamiento de este nuevo título, con seguridad un Best seller,
Ami... no me jodan!
domingo, 18 de noviembre de 2012
LA OBRA MAESTRA
FRÍO
este frío inventado para multiplicar la soledad, cocinar resfríos y estrangular gargantas.
Este frío que se ríe con dientes helados de la torpeza inmóvil de la chaqueta y propina solitarias caricias on the rocks...
Sé que lo merezco.
En otro tiempo fui esbirro del diablo, calderero
y pago este karma sin bufandas, desguantado,
bufando de frío.
sábado, 17 de noviembre de 2012
AVISOS PARROQUIALES
En rigor -le escuché decir a un psicoanalista-, nadie se inventa un chiste. El chiste es un producto del inconsciente. Lo que sí hace el que se los arroga es darle un "ropaje" de coherencia. Toda esta explicación es innecesaria a la hora de disfrutar -o de desdeñar- los chistes del blog.
Lo otro es que el blogcutorio tiene una nueva opción que es seguirlo por correo. Esto evitará, en estos tiempos de altas velocidades tomarse el tiempo de visitar el sitio. Nos gusta que lo visite pero no moriremos si no lo hace, así que está esa otra opción. Hay dos personas a las que les llega el blog por correo y parece que lo leen...
Nada más.
martes, 13 de noviembre de 2012
sábado, 20 de octubre de 2012
jueves, 4 de octubre de 2012
LA ALMOHADILLA DACTILOGRÁFICA
Me explico. Hace unos días necesitaba un huellero. Estoy seguro de que si usted vive en Colombia usted sabe qué es un huellero. Usted va a la papelería y le dice a la señorita : "Me hace el favor y me da un huellero?" La señorita, o el señor, le pregunta a su compañero de mostrador : "Gabriel, tenemos huelleros? y Gabriel responde "¿huelleros?, yo creo que sí". Va y lo busca y uno compra su huellero, pero cuando lee el empaque dice : "ALMOHADILLA DACTILOGRÁFICA", sin duda un nombre mucho más técnico y de más alcurnia, pero que no se utiliza en el habla del ciudadano de a pie.
Estoy seguro de que si uno va a la papelería y pregunta si tienen almohadillas dactilográficas, el dependiente hará una cara de sorpresa y dirá "una qué?!", eso en el caso de los dependientes medianamente interesados en hacer su labor de una manera más o menos eficaz, porque otros, siquiera sin parpadear dirán "aquí no vendemos de eso" o un simple, tajante e indiferente, No.
Otro caso será el de los fabricantes. Usted va a la fábrica y le pregunta al portero o a la recepcionista, "venga, en esta fábrica hacen huelleros? Con la misma cara de desconcierto le dirán "¿qué cosa?" o según el humor del dependiente de turno, " ¿huelleros, qué es eso?, no jóven (o señor, o mi amor, según el estilo) aquí lo que hacemos es Almohadillas Dactilográficas", y este enunciado irá acompañado de un gesto de alcurnia y de sapiencia acordes con la expresión.
¿Qué pasa? ¿por qué ese desacuerdo? por qué no nos ponemos de acuerdo en llamar al objeto de una u otra manera y así evitarle una dolorosa crisis de identidad?. Estoy seguro de que no solamente sucede con las Almohadillas dactilográficas sino con otro montón de objetos que los fabricantes bautizan de cierto modo y nosotros, el vulgo ignorante insistimos en llamar con otros nombres más prosaicos.
Prometo buscar más ejemplos y darlos a conocer para resolver este problema que es el culpable de que yo no duerma por las noches.
EL PODER DE LOS COLORINES
Yo ando en esa tarea -es posible que solo me dure un par de semanas yo qué sé- pero, al buscar un poco de agua en la tienda de una bomba de gasolina (estación de servicio como dicen ellos), que por supuesto tiene que ser agua de botella porque de la canilla no es posible, me empiezo a sentir atraído por el rojo de la coca-cola, y empiezo a mirar todos los empaques : los "Skiters", los "Sparkies", los... y me doy cuenta de que parte de mi necesidad sentida de consumir estas cosas está propiciada por los colores provocativos en que están envasados o empacados.
Pienso en los niños, en la atracción que generan los colores a nuestro espíritu. Se siguen aprovechando de eso. Cuando miraba en la tienda mencionada los empaques, me preguntaba, si estuvieran empacados en papeles blancos, así como empacaban ciertos productos en las farmacias, será que uno sentiría esa necesidad de consumir esas cosas? Yo creo que no.
Otra pregunta es, cuando estamos tomando coca-cola, o comiendo "Skitters", o tomando "Club Colombia "Dorada" qué es lo que estamos tomando y comiendo?. Con seguridad algo más que cebada, azúcar y (quién sabe de qué está hecha la coca-cola). Estamos consumiendo una imagen, quizá aunque no nos demos cuenta de manera muy consciente estamos consumiendo toda la historia de la coca-cola, la de la cerveza... todas esas imágenes a las que se han asociado esos productos.
Para mi es claro que no estoy diciendo nada nuevo, pero es interesante cuando uno se pilla esas cosas, no porque se las han dicho sino porque tiene la experiencia de ello. Es una cosa profunda que ya otros han dicho y que los vendedores de cosas saben muy bien. Consumimos imágenes, ilusiones.
Es un consumo de ilusiones en el que prima esa psicología arcaica de la incorporación oral, mejor dicho, de la lógica de que al comer aleta de tiburón vamos a ser buenos para nadar, o que, como no está demostrado que a los tiburones les da cáncer pues a nosotros tampoco. Hace parte de nuestra naturaleza, de una de las formas de funcionamiento de nuestro psiquismo.
lunes, 1 de octubre de 2012
sábado, 29 de septiembre de 2012
Etiqueta en la sopa
viernes, 28 de septiembre de 2012
martes, 11 de septiembre de 2012
lunes, 10 de septiembre de 2012
jueves, 6 de septiembre de 2012
martes, 4 de septiembre de 2012
sábado, 18 de agosto de 2012
Recomendaciones para asmáticos
Atentamente,
Santiago Trujillo
Asmático Profesional
jueves, 16 de agosto de 2012
miércoles, 15 de agosto de 2012
CREDO COSMOGÓNICO - SINCRÉTICO
domingo, 12 de agosto de 2012
lunes, 18 de junio de 2012
jueves, 14 de junio de 2012
!Ay...!
miércoles, 13 de junio de 2012
RESTANDO
Primero tomé lo que creía que era uno
‒¿1 = yo?‒
Le resté la necesidad de hacer para ser
Después le resté el tabaco,
el café,
con un gran esfuerzo sustraje internet...
Y el teléfono
Y las fantasías de estar con alguien;
Saqué la leche de la ecuación,
Y un largo talonario de quejas.
También la golosina de la depresión
Y el rabioso chocolate de la emoción.
Fui restando esas cosas, tal vez unas más
Y al final quedó cero.
Eso soy. Cero, ni a la derecha ni a la izquierda
Simplemente cero,
cero al co(n)ciente
martes, 22 de mayo de 2012
viernes, 3 de febrero de 2012
martes, 24 de enero de 2012
miércoles, 18 de enero de 2012
TELEFONOS INTELIGENTES... Y CON VOLUNTAD
Me levanté. Me senté, y comencé a oír un pitido suave, casi inaudible pero inconfundible; se trataba del tono de un teléfono mientras espera ser contestado. El tono que escucha el llamante mientras le contestan. Pero si en la habitación no hay teléfono, me dije algo sorprendido. Así que agucé mis oídos. Lo que vino después fue la voz de una persona: Aló?... Aló?... Todo me pareció misterioso en ese momento. Dije ya que eran las once de la noche y el silencio permitía oír cualquier cosa, hasta las voces silentes de la mente…
Noté que los sonidos provenían de mi bolsillo, así que empecé a auscultarlo con curiosidad pero también con algo de afán, no fuera que la voz se aburriera del silencio y colgara. Podría estar en el umbral de otra dimensión, de una experiencia paranormal o para-nada-normal.
De mi bolsillo no solamente emanaban ondas sonoras; también lo vi, ondas-partículas visibles; una luz al final del túnel de mi bolsillo.
Lo que siguió, fue terrenal. Se trataba del celular, que, por alguna extraña razón se marca sin que dedo alguno intervenga en el milagro; quizá un pliegue del pantalón suplante los apéndices digitales, quizá un pedazo de barriga apriete los botones contra el muslo, el caso es que los celulares se marcan solos, y no es poco frecuente. Alguna vez me llamó el celular de un profesor amigo y sólo se oía de fondo una canción en francés de Charles Asnavour… la boheme… la boheme… ¡Aló?! Musitaba yo del lado de mi célula. Colgué. A los pocos minutos volvió a sonar: ¿Aló profesor? Y ya casi con esa angustia absurda que provoca la incomunicación: ¡Profesorrr…..!, chillé suplicante. Nada… y así otras dos veces hasta que decidí tomar la ofensiva y marqué a su número. El celular, receloso, seguramente acalló su timbre. ‒si pueden marcarse solos por qué no van a poder ahogar el timbre que anuncia una llamada…‒ y no pudimos hablar.
Pero esta vez fue diferente, mi celular marcó y yo lo sorprendí cuando ya había entablado comunicación con su homólogo y con su dueño. Aló… alóooo, cambiando paulatinamente el tono que comienza desde el convencional ¿Aló? Que es como una pregunta, y siguiendo con un Aló in crescendo que se aproxima a la desesperación, mezcla de curiosidad e incertidumbre, hasta llegar a un recio y militar ¡ALÓ! que ya es rabia y es orden de que la otra voz se haga presente con su tono, su timbre y su mensaje.
Creo que en ese momento atrapé el celular y vi a quién estaba llamando: el nombre, Andrés, acompañado del dibujo de un telefonito verde intermitente. Ahí tomé la voz cantante, o la voz llamante: ¡Quiubo Andrés…!, sacándolo así de la agonía que seguramente ya empezaba a agobiarlo, y seguí sin esperar ninguna respuesta, a ¡felicitarlo por su cumpleaños!. En ese momento caí en cuenta de que mi amigo estaba de cumple años; ya lo había felicitado a través de un click por las red social que compartimos, y eso me pareció tan maravilloso, tan casi milagroso…! Felicitar a alguien por teléfono, cuando, en primer lugar mi memoria olvida sistemáticamente los cumpleaños de mis amigos, cuando, en segundo lugar evito los contactos sociales, cuando, en tercer lugar… no me acuerdo.
La verdad es que al final de mi pequeño discurso cumpleañero, mi interlocutor, agradecidísimo por el gesto me preguntó que quién era yo… Fulano de tal, le dije, le conté la misteriosa historia del celular autosuficiente y apuntalé un par de observaciones sobre los cumpleaños, la vida y el movimiento de los astros.
En el resumen de la experiencia decía: primero, que se marque, segundo, que me dé cuenta, tercero, que sea a alguien que está cumpliendo años… un sartal de coincidencias para un evento relativamente cotidiano. Milán Kundera decía que entre más coincidencias más significativos eran los sucesos….
sábado, 14 de enero de 2012
viernes, 13 de enero de 2012
jueves, 29 de diciembre de 2011
HOY EN EL TEMA DEL DÍA… ¿SU OPINIÓN?
Yo nunca he llamado a una emisora. Bueno, ahora que lo recuerdo sí he llamado. Dos veces. La primera vez tenía quince años y llamé a pedir una canción a Veracruz Estéreo (una emisora local). La persona que contestaba las llamadas no tenía el carisma y la emotividad del presentador. Contestaba de afán, como de mala gana y decía en tono seco que la canción se iba a demorar. La segunda vez, tenía un poco más de edad y llamé a La Voz de Colombia (bésameee…)(otra emisora local) a dedicar una canción a mi novia. Me pareció que la mezcla del mensaje amoroso de cumpleaños y el medio escogido, podrían generar un complejo efecto cómico-afectivo. Así fue. También sirvió para reconciliarla a ella con la música de peluquería pero ese es otro cuento.
Dos llamadas, dos canciones (parece el título de una canción). Pero nunca he llamado a ningún programa radial a dar una opinión sobre nada. Alguna vez lo intenté en un programa televisivo pero no pude comunicarme. Y es precisamente, sobre este asunto, la dificultad de comunicarse con los programas radiales y el uso que hacen los oyentes del espacio cuando logran comunicación.
Yo llamé una vez a un programa; mi criterio estadístico sobre esa base no sería confiable, pero sí he escuchado en muchas oportunidades que los oyentes se quejan de la dificultad para comunicarse con el programa ¡Es un milagro! Dicen algunos; ¡por fin lo logré Julito, llevo más de dos meses tratando de comunicarme con ustedes y no he podido! Las personas experimentan una emoción parecida a la de un náufrago cuando ve un barco que viene a rescatarlo.
Bien. Es comprensible la dificultad para comunicarse con un programa radial que tiene mucha audiencia. En el caso de los programas de poca audiencia, los que celebran y se ponen eufóricos con las llamadas son los locutores y presentadores: ¡una llamada! ¡por fin!!creíamos que solo nos escuchábamos a nosotros mismos! Y alientan al oyente para que hable más, aún cuando se percibe que ya quiere colgar, que tiene que comer, dormir o trabajar “pero venga, cuál es el afán, ¿y cuál es su comida favorita?” Hasta quieren ofrecerle regalos para que no se vaya; que espere hasta que el proceso de una rifa improvisada se haya llevado a cabo. Ya después de mucho rato de tener al oyente como rehén telefónico, uno de los presentadores del programa dice: “bueno mamá, no te quitamos más tiempo, sigue con tus oficios” y la mamá: “bueno mijo, pero por favor no me obligue más a llamar allá”.
Es claro que el caso de la W es el contrario. Dicen que alguna vez llamó al programa la mamá de Julio Sánchez: “Julito no me cuelgue, cómo es posible que ustedes…” ‒Gracias, por su opinión, tenemos otro oyente en la línea, dice el señor Sánchez con su voz cavernosa y amable de locutor. No. No es posible darle tanto tiempo a los llamantes. El tiempo de las llamadas es inversamente proporcional a su cantidad.
Pero hablemos sobre un señor que llama y que que ha estado varios meses intentando comunicarse sin suerte. Finalmente lo logra: “Julio, llevo tres meses tratando de comunicarme, realmente es un milagro…” ‒¿El disco del año…? lo interrumpe Sánchez. Y este oyente, que lleva tantas horas de espera al teléfono, perdiéndose sus programas de tv favoritos, ayunando, marcando una y otra vez cuando el teléfono se cuelga por la larga espera; este oyente cuyo sueño más preciado, y al parecer, cuya única ocupación es llamar al show radial y que ha preparado en su mente la intervención más ingeniosa, la más afectuosa, la más vehemente que ha sido capaz, regala a la audiencia de todo el país con un avergonzado “no sé”. Como era de esperar, ante la avalancha de llamadas telefónicas es despedido con un “hay otro oyente en la línea…” Y ya. Hasta ahí llegó la llamada del sufrido oyente de la radio. No sé si alcanza a decir otra cosa, o se ha quedado petrificado como los héroes que miraban a la medusa a los ojos.
Rogelio, que así llamaremos a nuestro oyente, ha caído en el olvido absoluto. Rogelio, que soñó con caerle bien a Julito y sentirse amado con sus preguntas: Dónde vive, que hace, cuántos años tiene, de quien es hincha… etc... Ese Rogelio, que quería quedar repujado en la memoria de Julito y del país y solo ha atinado a decir “no sé” porque no se le pasó por la cabeza que le fueran a preguntar por el disco del año cuando él no escucha música.
Viene una pregunta a mí: ¿!Es qué no sabía cuál era el tema del día!?, ¿es que se trata de un fiel oyente que no oye el programa?, ¿no es un oyente sino un llamante? ¿será que su ocupación es llamar a uno y otro programa radial para responder lo que le preguntan aunque no lo sepa? ¿qué hay en la cabeza de este tipo? ¿una necesidad de escuchar su nombre en la radio y de que otros lo escuchen?
Una hipótesis que tengo en mente, para no denostar las capacidades mentales y sociales de nuestro amigo es que estaba esperando en el teléfono desde el tema del día anterior. Estaba preparado para dar su sesuda opinión acerca del matrimonio de la fiscal con el político y a cambio le preguntan por el disco del año ¿Pero qué engaño es este? Se preguntaría Rogelio quien, sumido en lucubraciones sobre las relaciones entre la justicia, el delito y el amor, no guardó espacio para los discos del año y no atinó a decir, como el despierto telefonista anterior, “los 14 cañonazos”.
Ese otro telefonista que, en cambio, destapará ese día una botella de champaña, presumirá con sus amigos sobre la llamada, se sentirá como un héroe nacional si su disco termina siendo uno de los elegidos (si es que la pregunta tiene ese fin), grabará el programa de radio y lo guardará como un tesoro en un lugar cercano al computador para felicitarse a solas con tono de inmortalidad: “14 cañonazos bailables…”, como un poeta, como un Martin Luther King, como un Pablo Neruda, un Churchil... “14 cañonazos bailables…”
En serio. Por qué esperar tanto para llamar a un programa radial, que le pregunten a uno cualquier cosa y ni siquiera poder contestarla? ¿era una llamada equivocada? El tipo estaba llamando a una carnicería o a una compañía de seguros y le preguntan cuál es el disco del año? ‒No sé, señor, yo lo que necesito… y le cuelgan sin darse cuenta de que salió al aire?.
Realmente no entiendo. Para solucionar este misterio lo viviré en carne propia. Llamaré a la emisora e intentaré (no sé si lo logre) formarme una opinión sobre el tema del día, sea el desarme nuclear o los implantes mamarios de una modelo. Aunque me gustaría, para comprender el fenómeno, que la pregunta del día fuera ¿por qué llaman los oyentes al programa?
Tenemos otro oyente..
lunes, 26 de diciembre de 2011
CONDORITO Y YO
Para mí Condorito es y ha sido siempre un personaje entrañable, podría decir que hasta un amigo si cierta parte de mi personalidad no insistiera en que un personaje dibujado ‒no diré un comic‒ no puede ser amigo de nadie. Sea. Digamos que Condorito es un símbolo, una representación de algo muy querido.
Cuando yo estaba pequeño, Condorito era toda una institución en mi casa. Creo que pocas cosas son compartidas por todos los miembros de una familia: a algunos les gusta Coveñas, a otros no, a algunos la mermelada, a otros la mantequilla… pero en mi casa Condorito era querido por todos con igual devoción: mi papá, mi mamá y mis hermanos. Cuando llegaba una revista del plumífero personaje tenía que rotar obligadamente de uno a otro de los miembros de la familia y era toda una suerte, supongo, ser el primer favorecido, aunque de todas formas ser el último o el penúltimo implicaba la espera que aumenta el deseo.
No se trataba de una cosa solo para niños, como son las revistas que tienen ese propósito definido (no conozco muchas revistas de ese tipo). No. Condorito era tan digno del “jefe natural de la familia” como se calificaba a sí mismo mi padre como para mi madre y todos los hijos. Era todo un placer leernos mutuamente los chistes; mi madre disfrutaba que se los leyéramos, y se reía, no con una risa falsa para demostrar cariño a sus vástagos sino con una risa franca de adulto (y niño al mismo tiempo). No hay cosa más sublime que la risa de una madre y Condorito se prestaba con dignidad a ese propósito.
Condorito no era solo chistes. Condorito era todo un mundo: Pelotillehue, el Hocicón, Buenas Peras, esos cocodrilos entrando o saliendo de las basureras, El Bar el Tufo, Tome Pin y haga Pun... No era solo cumplir en la última viñeta el milagro del chiste con un ¡plop! que tal vez se convirtió en una expresión universal en Latinoamérica, o sentir esa especie de decepción cuando la historia terminaba en un “exijo una explicación”; leer a Condorito era meterse en su mundo, un mundo muy parecido al nuestro y, como lo han anotado en una página de internet, muy diferente a los fantásticos monicongos de Disney en cuyos escenarios quizá no hay restaurantes como el Pollo Farsante en donde las moscas gravitan alrededor de la comida de un comensal emplumado que no va a pagar la cuenta.
Era imposible no amar a Condorito. Es como cuando viene a vivir alguien a la casa y cuenta con el patrocinio y el cariño de los padres. Se termina amando, y los niños, ‒yo era un niño cuando conocí a Condorito‒ son expertos en ese arte.
Así que no venga nadie a meterse con Condorito, a rebajarlo porque no es una lectura larga, ardua y enseñosa. No me vengan con la perversión de que para Ser hay que leer a tal o a cual, por lo general tales o cuales extranjeros.
Condorito, siendo un Cóndor, símbolo de los Andes, era todos los hombres: astronauta, mafioso, médico, ladrón, cocinero, abogado… En un momento era millonario y en otro mendigo. No había oficio, ocupación, que Condorito no encarnara: cura, dentista, barbero, músico, empresario, hasta político, y siempre, a través del chiste, revelando los vicios, no sé si las virtudes de los hombres. Quizá la virtud de Condorito era seguir viviendo, como su personaje habitual, un “huaso” chileno, que vivía en la pobreza, en la amistad, en la enemistad, en el amor (era imposible no embelesarse con Yayita), en esa forma, no sé si ideal, pero en la que viven muchos latinoamericanos y muchos hombres del mundo.
Se habrá notado que utilizo el pasado en alguna parte para referirme a Condorito. Es triste, pero en lo que a mí respecta, Condorito se murió con Pepo. Este, antes de morir vendió los derechos a una compañía Televisa etcétera, y, aunque Condorito sigue apareciendo en las revistas y las revistas se siguen vendiendo, aunque menos, en las filas de los supermercados y en los puestos de revistas, Condorito no es el mismo. Es como si hubiera padecido alguna enfermedad que hubiera minado su capacidad para hacer chistes.
Hace quizá un par de años, en la fila de un supermercado se me dio, mientras llegaba a la caja, por abrir una revista del entrañable arquetipo y ¿qué me encuentro? Que las viñetas del anaranjado personaje ya no contienen ningún chiste, sino unos pálidos remedos de chiste que no sé si harían reír a un niño, o por lo menos no a un niño inteligente. Diría un hipotético niño hoy: ¿y este es el famoso Condorito? Creo que no leería más de una página.
Así es. Condorito ha muerto, aunque como dicen por ahí en las películas y en frases bajadas de internet, vive en nuestro recuerdo. Todavía hay revistas viejas por ahí de cuando Condorito era Condorito, de cuando hacía reír y de cuando era querido. Ahora es, junto con Pepe Cortisona, Don Chuma, Tremebunda, Comegato, y Huevoduro una especie de poseso que ha prestado su cuerpo al espíritu de un estúpido. Ahí ya no hay nada.
En fin, quería, por estos días en que se han cumplido 100 años del nacimiento de Pepo, padre y madre del inefable Condorito, compartir con el mundo mis recuerdos y emociones asociados al personaje que más he leído, dolerme por su muerte clínica y el mantenimiento de sus pulsaciones merced a fríos aparatos desprovistos de un mínimo de ingenio pero también homenajearlo en el Centenario de su creador.
Así que, a Condorito y a Pepo, que descansarán en la gloria de un Dios de Pelotillehue, un sentido y sincero ¡Plop!
martes, 12 de julio de 2011
LEYENDO EL PERIÓDICO
No me gusta el periódico. No siempre. Me parece demasiado doloroso para estarlo leyendo a diario: chanchullos, tragedias, asesinatos, robos, pobreza…
Hoy hice el ejercicio: La primera plana muestra los temas antedichos: Un barco se inunda y mueren muchas personas, a un señor le trasplantaron las dos piernas, se gestan componendas políticas oportunistas, las acciones de la petrolera se congelan (a propósito, en el fondo de sus gráficas muestran una iguana, será para decir que son muy ecológicos? Deberían ser honestos y decir que el petróleo no es muy bueno para el medio ambiente pero qué le vamos a hacer, la costumbre, los intereses…)
Me pone feliz que pongan bicicletas gratuitas en la calle para que los estudiantes se transporten y tal vez puedan contribuir a alargar unos segundos la vida de la iguana de la petrolera.
Después de lo de las bicicletas, que me emociona mucho, paso a ver que asesinaron a un líder. La emoción se convierte en tristeza por la brutalidad. Brutos con pistola.
Al final leo un artículo de Eduardo Escobar: “Miserables prejuicios”. Solo quería decir que es muy estimulante leer un buen escritor. Hasta dan ganas de escribir. Y piensa uno que no todo es muerte y exhibicionismo.
¡La gente inteligente es tan escasa!, la gente ingeniosa, la gente con humor…. La mayoría de las páginas del periódico hacen referencia a lo que pasa, pasó o pasará, pero se cuida muy bien de dejar la inteligencia de lado.
miércoles, 22 de junio de 2011
EL ---- QUE CANTA
Es una de las experiencias más enervantes que conozco. Y tiene sus agravantes:
1. La persona no es muy consciente de que está cantando y balbucea unos tonos casi siempre, por lo general, terriblemente desafinados.
2. La persona (o victimaria) no sabe cantar, y fuera de que balbucea intermitentemente ciertos gemidos que no llegan a ser palabras no llega a alcanzar una coherencia armónica.
3. "Canta" un género musical que a uno no le gusta o que detesta.
Esta experiencia tiene un carácter particular y es que uno, o por lo menos yo, no me atrevo a decirle a una persona desconocida que deje de torturar a los demás con lo que ella cree que es un canto. Pero es más particular que cuando se queda callada uno espera a que vuelva a rebuznar para morirse nuevamente de la rabia. Y es que en el intervalo silencio - cacofonía uno alberga la esperanza de que finalmente va a quedarse callada porque se ha cansado, nunca porque vaya a ser consciente del mal que hace a la humanidad y a la comunidad laboral.
lunes, 20 de junio de 2011
jueves, 27 de enero de 2011
LOS BAÑOS PÚBLICOS QUE ME GUSTAN
Me gustan los baños cuyos lavamanos ostentan canillas generosas que se abren y se cierran a voluntad y no merced a tacaños dispositivos que tazan el agua en chorritos o en salivazos y que no dan tiempo de mojarse las manos en el lapso que corre entre hundir el botón y meterlas bajo el grifo.
Me gustan los baños cuyos inodoros se vacian automáticamente y con fuerza de tornado; no los que olvidan hacer su trabajo y dejan ominosas evidencias de nuestro transito por ellos.
Me gustan las cabinas que tienen papel higiénico en un rollo y del que puedo tomar lo que necesite; los prefiero sobre aquellos que lo tienen afuera de la cabina y todos ven la longitud que tomamos; los prefiero sobre aquellos en los que hay que introducir una moneda para obtener el indispensable papel y los prefiero aun mucho más sobre aquellos que por ninguna parte lo tienen.
Me gustan los baños que tienen dispositivos dispensadores de pequeñas toallas desechables. Los prefiero a aquellos que tienen el aparato secador de aire caliente que nunca seca como yo quisiera y que me deja hacer el resto del trabajo a mí y los prefiero mil veces sobre aquellos que tienen aparato secador con aire frio que seca menos que su homólogo de aire caliente.
Me gustan los baños en los que hay jabón para lavarse las manos, y por último, me gustan los baños de hombres en los que solo hay hombres y no está una señora limpiando porque me siento invadido en mi intimidad masculina.
lunes, 24 de enero de 2011
LA FUENTE
miércoles, 22 de diciembre de 2010
¿LO SENTIMOS?
"Lo-siento- el buzón se encuentra lleno".
"Lo siento, el buzón se encuentra lleno"
"Lo siento, el buzón se encuentra lleno".
Yo le respondo, con rabia, no a la grabación sino al que le cabe en la cabeza poner un mensaje automático de estos: Usted no lo siente, usted es una grabación.
Heyyy.... Así no funcionan los sentimientos...
viernes, 17 de diciembre de 2010
LA NECESIDAD DE ESCRIBIR
Nunca me ha funcionado. Empiezo a escribir todos los días y todos los días son dos o tres días. Cosa de obsesivo. Me acordé de Borges y el muy sabio, decía que su padre le dijo que solo escrbiera cuando tuviera la necesidad de hacerlo. La cosa me quedó como sonando, aunque con rabia. Yo insistía en la disciplina.
Al tiempo me dí cuenta de que la cosa era así. De que la disciplina era la muleta de un ego que me falla. Soy impermeable a la disciplina. No lo voy a intentar más. Le haré caso al papá de Borges como no le hacía caso a mi papá Trujillo.
Mando a la miércoles la disciplina. Desde hoy ejerceré la disciplina de mandar a la mierda la disciplina.
Se que escribo solo y que esto lo leo yo y uno que otro que no existe. Me escribo a mi mismo.
sábado, 4 de diciembre de 2010
miércoles, 1 de diciembre de 2010
miércoles, 24 de noviembre de 2010
LA COMPUTADORA
En nuestro pueblo, genéricamente le llamamos Computador, en masculino. En las películas gringas dobladas al español les dicen computadoras; y, si la película ha sido doblada en España, les dirán “ordenadores”. Yo, como buen parroquiano de mi pueblo les llamo computadores a los computadores; pero a mi computador, yo lo llamo computadora… ¿por qué? (acaba de venir a mi mente Stive Austin, el “hombre nuclear”. En el programa había una súper computadora que tenía voz de mujer y por lo tanto nombre de mujer que además hacía chistes de vez en cuando). La razón es que, así como la computadora de Stive Austin, la mía también habla, y tiene, sin exagerar, la voz más sexy que he escuchado en mi vida.
Las particularidades de su conducta fonatoria son llamativas: en primer lugar, además de ser una voz femenina, es también, como las del femenino género, impredecible. Eso me gusta porque cada vez que lo hace es una sorpresa. A pesar de ser una máquina es impredecible, y sabemos que la sorpresa genera unas emociones que la predictibilidad desconoce. Y no importa que el tema sea el mismo de siempre. Ella solo habla de virus, parece bacterióloga. De vez en cuando mientras estoy concentrado en escribir o ver videos en la red, me sorprende con un sensual “La base de datos de virus ha sido actualizada”, o un “Se ha detectado una amenaza” y todo esto aderezado con un (no puedo dejar de repetir) sensual acento español que a mí me estremece por no decir que me excita.
No voy a decir mentiras. Soy una persona del siglo Veintiuno que nació en el siglo veinte y sabe perfectamente que los mensajes virulógicos son una grabación. No me hago fantasías sobre la voz que escucho –quizá en eso estribe también el encanto, en que es una experiencia única, en que es una computadora que da un mensaje con voz femenina; no soy psicótico; sé muy bien, insisto, en que se trata de una grabación ¡pero qué grabación!
Yo quisiera ser gracioso y decir que me la imagino peinada de cola, con un pelo negro azabache, una nariz un poco más prominente que sus homólogas latinas, y que tal vez baile flamenco con largos vestidos acompañada por una soberbia guitarra española, pero no. Tengo plena conciencia (concienzia diría ella) de que se trata de una persona que se sentó un par de minutos a grabar dos frases (las que he escuchado hasta el momento, no sé si en otros eventos me sorprenderá con otras nuevas) aunque hay que reconocer que no se trata de una persona cualquiera sino de una locutora experimentada que sabe sacar el máximo partido de su voz. Pero realmente, no me hago ninguna fantasía con la mujer que graba el mensaje. Mi relación, y mi amor es hacia la voz que sale de la computadora.
Yo me creo un visionario de estos temas computadoriles y de otros. Como dice Fernado Pessoa, no hay nadie que en muchas oportunidades no se sienta un genio. Corrijo. No soy un visionario ni un genio, pero sí tengo una idea de negocio: incrementar el número de mensajes de la voz sexy y además sacarlos del campo de lo estrictamente técnico; poner la voz a decir, con honestidad y generosidad un “Qué guapo estás hoy”, o “Me gusta mucho esa camisa que tienes”, o “Hace tiempo que no estamos juntos”, “Me haces falta”… pero eso sí, con un tono amoroso, porque estoy seguro que mi idea puede ser plagiada por los mercaderes de la pornografía y/o la chabacanería y ya sabemos qué tipo de mensajes grabarían. Sin embargo como todos coexistimos en este mundo y el mercado es polimórfico, pues habría computadores y computadoras, con voces masculinas y femeninas (o mixturas de ambas) y cada quien elegiría una especie de carácter en su equipo: desde lo basto, lo refinado, lo timorato, lo aventado… en fin, para todos los gustos. Mientras esto se da, pues yo sigo esperando con cierto grado excitante de incertidumbre el momento en que, gracias a los virus mi computadora me diga con su acento sensual y amoroso: “Se ha detectado una amenaza”.
LOS ZAPATOS NUEVOS
Fue amor a primera vista. Las decisiones importantes, decía Freud, hay que tomarlas sin pensarlo mucho, en cambio las nimiedades si pueden valorarse una y otra vez, girarlas, ponderarlas, pesarlas, medirlas. Allí estaban. Ellos negros, yo mestizo. Fue un saber inmediato, una revelación de que mi pié era su horma. Logré colarlos a último minuto con el resto del mercado, la registradora casi a cerrarse, como en las películas de Indiana Jones.
Los dejé en la bolsa un tiempo, como añejándolos, sumándole tiempo y acaso olvido al tiempo para reencontrarlos una vez más nuevos. A la mañana siguiente los recordé cuando casi alcanzo a ponerme los viejos por la inercia del hábito. Sabía dónde estaban y fui, silencioso, sin que nadie lo notara a ponerle la plantilla ortopédica. Nadie lo notó.
Después de calzármelos (o calzar yo en ellos) estuve sintiéndolos: como si lucharan al principio no acomodándose del todo; extraños en un par de patrias nuevas, los pies y los zapatos midiéndose con cierto recelo, quizá resistiéndose, a sabiendas de que no había marcha atrás, como quien empieza una nueva vida con sus pros y sus contras, como quien se ha tirado por un abismo, por un tobogán.
Al principio tallaron, pero había una decisión de domar, como el jinete que usa la fuerza y una terquedad disciplinada, un método, dispuesto a no cejar.
A ratos los zapatos respondían con violencia, tallando los juanetes, desquiciándose, no siendo planos, aquí te tumbo o mello tu equilibrio. Llegué a pensar que tal vez no lograríamos adaptarnos; del flechazo a la convivencia hay un mundo, dicen.
A las dos de la tarde entramos en conflicto: que sí, que no, imaginaba el duelo a los zapatos que no sirvieron y anticipaba las conversaciones repetidas sobre la ruptura, sobre la imposibilidad, la falta de sentido, pero también la frustración (¡y nuevos!), pero las ocupaciones nos distrajeron y milagrosamente a las tres de la tarde cedieron, cedimos, entramos en una perfecta armonía mística, fuimos uno, fuimos dos, fuimos cuatro, según se tratara de par o de unidad. Los zapatos seguían siendo hermosos, y más ahora que seguían, como hábiles bailarines la iniciativa de los pies mediados. Todo era silencio y baile y complemento.
Ya nos sentábamos en la cafetería y yo a contemplarlos como se contemplan los zapatos nuevos, con ese no cansancio de la novedad. Los zapatos son una obra de arte, un producto cultural de la humanidad, junto con la Ilíada y el bombillo. Hacer un zapato no es fácil. Lo reto a hacer un par en casa.
Yo amo profundamente los zapatos nuevos
lunes, 22 de noviembre de 2010
miércoles, 17 de noviembre de 2010
EL DESAGÜE Y EL OTRO
REVELACIÓN
martes, 16 de noviembre de 2010
viernes, 12 de noviembre de 2010
EL MAESTRO ES INDISCIPLINADO
Yo creo firmemente en que con disciplina se pueden crear grandes cosas, pero una cosa es creerlo y otra hacerlo.
Es bien sabido (o mal sabido, depende de si lo sabe o no) que la actualización constante del blog trae más visitas. Uno puede ser disciplinado y escribir diariamente, pero es muy probable que escriba cosas aburridas y entonces quizá el "tráfico" disminuya. Pues yo he hecho el exprimento de escribir muy seguido y de no escribir, pero creo que el tráfico de mi blog se lo soñaría más de un conductor de automóvil.
jueves, 11 de noviembre de 2010
EL ALEPH DE BORGES
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sábado, 6 de noviembre de 2010
LOS PÁJAROS Y EL CIGARRO
Antes le preocupaba la tos que le causaba el cigarrillo, pero ahora se daba cuenta de que precisamente la tos era la que lo aliviaba. Con su tos perruna, estentórea y sibilante, salían también sus sus decepciones, sus frustraciones.
Había salido a fumar guiado por un impulso que ya no se esmeraba en explicar y menos en detener y afuera, al doblez de la esquina, vio unos pájaros que parecían pastar. Parecía que el sol, o una reciente poda del pasto habían desacomodado a los insectos y a las lombrices y que los pájaros aprovechaban para cenar en pasto revuelto.
Nunca había visto tantos pájaros juntos.
Y no es que hubiera muchos, tal vez un par de docenas. No es que nunca hubiera tantos pájaros. Es que él nunca había visto tantos pájaros.
Vio varios pájaros por primera vez. Antes había visto dos o tres, pero sabía que realmente no los había visto. Ahora la pajarada se daba un festín: iban tomando las hierbas sueltas con sus picos y, dando un rápido tirón, apuraban una mosca o tal vez un diminuto cucarrón.
Una vez terminada la operación que duraría dos o tres fracciones de segundo, iban brincando con sus dos patas hacia otra pequeña región de pasto en la que nuevamente repetirían la operación. Todo esto con una especie de euforia animal que podía sentirse…
De pronto se le ocurrió que por breves instantes, si no se miraba con cuidado, los pájaros podían ser ratas. Ratas cafés y esbeltas que de cuando en cuando batían un par de veces las alas para llegar a lugares mínimamente apartados.
Empezó a llover, y observó que los pájaros eran indiferentes a la lluvia. Quería constatar si una gota de lluvia podía espantar a un pájaro pero su agudeza visual no le permitió sacar una conclusión definitiva. En cambio se dio cuenta que a él sí lo espantaba la lluvia. Pero no era un espanto urgente, sino un pequeño espanto que lo hacía pensar en la necesidad de resguardarse porque el hombre valora mucho la ropa seca. Sin embargo se demoró un poco, dándose cuenta de la lluvia como segundos antes se daba cuenta de los pájaros.
Un par de gotas mojaron su cuerpo y una tercera fue a dar en el cristal derecho de sus lentes, y vio que los lentes, autónomos, se ponían a llorar, y descansó, pues renegaba del esfuerzo de tener que llorar por sí mismo a causa de su “ser en falta”, según escuchó decir en un seminario de psicoanálisis.
Dejó a la lluvia llover y no se secó la lágrima derecha porque ahora lo acosaba lentamente la obligación de apagar el cigarrillo, una obligación orgánica, un mensaje claro desde su interior de que era hora de apagar el cigarro sin más. Así que estuvo atento, agachó la cabeza, observó el cigarrillo que manaba su luz y se decidió a arrojarlo a una ínfima quebrada que la lluvia alimentaba, esperando el momento musical del choque del agua con el fuego, ese sutil tsch mediante el cual se da punto final al vuelo del cigarro.
IMAGINACIONCITA DE METRO
EL PAÍS EN QUE NO LLOVÍA
La gente empezó a hablar en los taxis: ¡Qué calor!... o, ¡vea como se largó a llover!, o este invierno… este verano… esta chispita… y así se fueron estableciendo muchas relaciones porque las conversaciones iban saltando de la lluvia al trabajo y a la familia y a los problemas y a las soluciones. Muchas parejas se conocieron a raíz de la canícula y muchos hijos se engendraron por pasar del frío al calor de la conversación, y el país se fue haciendo más grande y entonces ya eran muchos y entonces ya me voy a meter a las cobijas porque que frío.
OTRO DEL METRO
DEL POBLADO A MADERA
Y le dicen a uno como con esa rabiecita: “El siguiente tren no realiza parada en esta estación”, como quien dice: ¿Estaba de mucho afán?... pues NO.
Lo mismo los que van sentados. Uno va colgado de las varillas como un buitre esperando que alguno de los que va sentado decida pararse. Y uno les va analizando la carita: Este tiene cara como de bajarse en Exposiciones… Y ellos con esa indiferencia...
-Yo juraría que el martes pasado una señora de gafas se pasó de estación a propósito para no dejar el puesto.
Entre tanto uno va rezando a San Antonio (Estación con posibilidad de traslado a la línea B en dirección San Javier) Porque ha visto, porque sabe que allí se baja mucha gente
Aunque nunca se tiene la suerte asegurada. En algunas ocasiones se sube un tropel de señoras de la tercera edad y una que otra con bastón, así que tampoco hay chico de sentarse. Yo he conseguido un bastón para estas emergencias. Y no es que yo sea un timador que aprovecha ser visto como un cojo, aunque soy un poco cojo, sino que he aprendido a hacer equilibro con el bastón apoyando la nalga en la contera y haciendo así un taburete de una sola pata.
Luego llegamos a la estación “Three hundred years” porque en el metro también hablan “in english” como quien dice la estación Tricentenario.
Y después Acevedo, un espectáculo las primeras cinco veces que se vé o cualquier otra vez que sea como la primera: uno monos perezosos colgando barrigones de las lianas de acero, subiendo la loma como antaño las mulas del abuelo.



